19 feb 2010

SIN AGUACEROS

Tercera de cuatro hermanas la ropa usada Yo la estrenaba…
mientras a filosofar Yo aprendía al decir todas las mañanas:
“La ropa no hace al monje de abadía, el monje es quien la ropa luciría…”

Como dulce gata curiosa afinaba, más las siete vidas no tenía,
por eso mi madre se afligía al ver que muy traviesa Yo crecía.

Los chicos desde niña ya sabían como dolía la punta de mi zapato,
las canillas terminaban amoratadas de todos los galanes que competían
para ganarme como su chica privada.
Esas ilusiones se cancelaban cuando a mi abuelito Yo me quejaba,
y con su bastón él los correteaba, mientras Yo aplaudía,
y el amor a mi no venía, en este tiempo… Nada me conmovía.


Las atracciones en posterior momento se darían, no experiencias,
pues todo en sueño quedaría. Convertida en cuenta cuentos
de mis fantasías mis amigas oían y se las creían mientras Yo, reía.

Llegó a mi vida un príncipe feito, lo llené de besos, pero
en rana como delito permanecía el angelito;
no digo ángel por decir porque él fue eso y más en mi vivir.
Abonó las semillas que aún no germinaban, limpió de piedras
que las obstaculizaban, sembró no ilusiones sino visiones,
no avaricias sino primicias, en caricias un rumbo nuevo
llamado amor dejó de herencia asido a mi fervor.

Por eso si me ves pasar no detengas mi caminar
si te concedo mi instante peregrino llena tu casa de este amor azulino
y déjame seguir mi sendero, el Yo quedó libre de todo aguacero.


©Derechos Reservados del autor®
07 Oct.2008 Lima - Perú

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