14 ene. 2010

Chancletita - cuento corto
















En un pueblito olvidado, de esos que en ningún mapa se le ubica...llegó en un día lluvioso de otoño, una payasita llamada Chancletita.
Huérfana ella, de padres y cariño, aprendió a saborear de sus días solo lo bello, para transmitirlo en sus actos de arte, alegrando así a la gente que solía acercase a su número.
En la pequeña plaza de aquel sitio, ella cautivaba al más indiferente, para así poder ganarse unos centavitos que matarían su hambre.
Al llegar la noche, nadie atinaba a pensar, que sucedía con la nena de nariz rojiza, ¿dónde dormiría?, si tendría abrigo...
La mañana llegaba, aliviando sus miserias, barriendo con la luz del día lo extraño que era verla meditando con ojitos de tristeza.
Corría al arroyo a lavar su carita y preparase para una nueva función; orgullosa creaba sonrisas en tanto rostro diverso.
Apurándose, por que la barriguita con sus sonidos apremia... Entonces no había pan duro, fruta seca, que escape a la boca golosa y hambrienta.
En uno de esos días, que hacia reír a la gente, se le acercó un niño, con amable y dulce trato, haciéndose su amigo, cómplice y confidente. Se llamaba Toribio, hijo del bodeguero, infante de carita y alma risueña.
El rostro de Chancletita se iluminaba, cada vez que lo veía, ya no estaba más sola, hora tras hora transcurría en amena charla, los dos niños ajenos a diferencias, con esa inocencia divina de edad tan tierna.
El invierno llego rápido, con sus lluvias y neblina espesa, arrasando con el frío la salud ligera de Chancletita, nena sin techo donde guarecerse, sólo tenía un viejo vagón de tren como nido de sus noches en olvido.
El tiempo melló su cuerpito, que débil en fiebres sucumbía.
Toribio la buscaba por cada calle del pueblo, sin lograr hallarla. Ya estaba cansado y desalentado cuando sus ojos grises clavaron la mirada en el viejo vagón, que a las afueras del pueblo parecía que descansaba.
Pleno de curiosidad y esperanza, corrió a ver si allí encontraba a su amiguita, que tanto extrañaba.
El corazón casi de un vuelco se le sale al verla... allí tirada.
El niño alertó a sus padres del caso. Ellos fueron a atender a la pequeña Chancletita, logrando recuperar su salud y mucho más, su alma, con los cariños concedidos, en esmeros y cuidados.
Desde ese día Chancletita y Toribio fueron como hermanos, la vida de la niña cambió ochenta grados, gano una familia...
Mas en sus noches, ella esbozaba una oración solita, a sus padres que murieron siendo ella pequeñita. Chancletita decía:
”Gracias a ustedes padres por cuidarme
todo este tiempo y regalarme en estas personas
las caricias y mimos que de Uds. necesitaba”.



María de la Cruz Díaz
©Derechos Reservados del autor®
Mayo, 2006 Lima-Perú

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